Mazatlán, Sin. (RI Noticias).- El Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) confirmó lo que ya era un secreto a voces, aunque con el elegante eufemismo de un “ligero ajuste”: la economía mexicana se contrajo 0.3 por ciento en el tercer trimestre de 2025 respecto al anterior. Un dato que, si bien suena técnico y aburrido, significa que el país le dio al freno de mano.
Sí, en lugar de acelerar hacia la prosperidad prometida, nuestro Producto Interno Bruto (PIB) se encogió. La industria, esa parte crucial de la máquina, se llevó la peor parte con una caída más que notoria, demostrando que la famosa “solidez” se parece más a un castillo de naipes con una brisa fuerte.
Ante este panorama, la respuesta de la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo fue la esperada en la nueva escuela de la política: desinflar la métrica. “El PIB no es el único factor determinante,” nos dice con una sonrisa tranquilizadora, mientras nos recuerda las “cifras récord de empleo” y que millones han “salido de la pobreza.
“Es decir, el termómetro podrá marcar fiebre alta, pero si el paciente está sonriendo, ¿realmente importa? Nos invita a creer en una economía paralela donde la riqueza no se mide por lo que se produce (el PIB), sino por la buena voluntad y el aumento al salario, un enfoque que convenientemente minimiza el hecho de que más de la mitad de los ocupados navegan en la informalidad, sin seguridad social, un ejército de trabajadores que vive al día.
Mientras los economistas tradicionales se jalan el pelo por el retroceso trimestral y por la contracción anual, la administración nos ofrece un bálsamo de “fortalecimiento del mercado interno.” Nos sugiere que no nos preocupemos por la contracción del pastel, sino en que las rebanadas, aunque sean pocas, se repartan con más justicia. La clave está en no ver la caída del indicador, que es el reflejo de la actividad industrial y el comercio, sino en ver la mano que reparte.
Lo sarcástico es que, al minimizar la presidenta la contracción del PIB como algo irrelevante, se está ignorando la señal de alerta más clara de que la máquina productiva del país no solo está desacelerando, sino que en realidad está patinando. Pero no se preocupen, al menos el empleo “récord” nos garantiza que habrá más personas trabajando en la informalidad para ignorar las estadísticas.



