Mazatlán, Sin. (RI Noticias).- En este 6 de febrero de 2026, la Organización de las Naciones Unidas conmemora el Día Internacional de Tolerancia Cero con la Mutilación Genital Femenina (MGF), alertando que más de 230 millones de mujeres y niñas en el mundo son supervivientes de esta práctica. Pese a los avances globales, la ONU denuncia que este año cerca de 4 millones de niñas siguen en riesgo de ser sometidas a este procedimiento lesivo.
Resulta alarmante que, en pleno 2026, persistan tradiciones que subyagan la dignidad femenina, vulnerando derechos humanos fundamentales y la integridad física de las menores bajo el pretexto de normas sociales o ritos de paso.
La MGF se clasifica en cuatro tipos: la clitoridectomía (resección parcial o total del clítoris), la escisión (eliminación del clítoris y labios menores), la infibulación (estrechamiento del orificio vaginal mediante el sellado de los labios) y un cuarto tipo que incluye cualquier otra lesión no médica como perforaciones o raspados.
Estas prácticas no poseen beneficios médicos; por el contrario, provocan consecuencias devastadoras que van desde hemorragias, infecciones y dolor extremo en el momento, hasta complicaciones crónicas como problemas urinarios, trastornos psicológicos, dolor en el coito y un incremento crítico en la mortalidad materna y neonatal durante el parto.
Geográficamente, la práctica se concentra en 30 países de África, partes de Oriente Medio y Asia (como Indonesia e Iraq), y persiste en comunidades indígenas de América Latina, destacando el caso de los Emberá Chamí en Colombia. Las razones de su permanencia se anclan en el control de la sexualidad femenina, buscando garantizar la “pureza” o fidelidad, y en la presión social de comunidades que ven la ablación como un requisito para el matrimonio.
El compromiso internacional bajo el lema de este año enfatiza que no habrá un fin para la MGF sin una inversión sostenida. La meta de los Objetivos de Desarrollo Sostenible es erradicarla por completo para el año 2030, transformando las normas culturales que perpetúan el trauma.



