El sarampión destaca por ser una enfermedad viral extremadamente contagiosa. De acuerdo con datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), una sola persona infectada tiene la capacidad de transmitir el virus a entre 12 y 18 individuos en poblaciones no inmunes, superando ampliamente la tasa de contagio de patógenos como el SARS-CoV-2.
Esta situación genera una preocupación genuina, particularmente entre adultos nacidos en la década de los años 80, quienes frecuentemente carecen de registros claros sobre su historial de inmunización. Según la Clínica Mayo, la inmunidad colectiva es el único mecanismo efectivo para contener la propagación de este virus, que se transmite por gotas de saliva en el aire.

Interpretación de la Cartilla Nacional de Salud y esquemas vigentes
El Sistema de Cartillas Nacionales de Salud funciona como el registro oficial para el seguimiento preventivo en el país. Este documento cuenta con la validación de instituciones como el IMSS, ISSSTE, SEDENA y la Secretaría de Salud. Para determinar si existe una protección adecuada, el usuario debe seguir estos criterios de revisión técnica:
- Menores de 0 a 9 años: Es imperativo verificar el sello en las siglas SRP (vacuna triple viral que protege contra sarampión, rubéola y parotiditis). El esquema completo requiere de dos dosis: la primera al cumplir un año de edad y el refuerzo a los 18 meses (o según la actualización del esquema por edad).
- Adolescentes y adultos (10 a 49 años): En este grupo, la identificación se realiza bajo las siglas SR (doble viral). Se requiere el registro de una o dos dosis para garantizar la protección total.
- Población mayor de 49 años: Generalmente, este sector de la población no requiere la aplicación de nuevas dosis, debido a la inmunidad natural adquirida por exposición previa al virus en décadas pasadas.
- Dosis cero: Según la Secretaría de Salud, se prioriza actualmente a menores de 6 a 11 meses con una “dosis cero” de protección, aunque el esquema formal inicie a los 12 meses.

Reacciones postvacunales y protocolos de atención médica
La aplicación de la vacuna suele generar efectos secundarios que, según los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC), son señales de que el sistema inmunitario construye una respuesta defensiva. Los síntomas comunes incluyen dolor o hinchazón en el sitio de la inyección, fiebre leve (que suele manifestarse entre 5 y 12 días posteriores a la aplicación), cansancio y un sarpullido tenue que no es contagioso. Estas manifestaciones son, en su gran mayoría, leves y de carácter transitorio.
No obstante, existen signos de alerta que requieren atención médica inmediata. De acuerdo con los protocolos de la Academia Americana de Pediatría (AAP), si el paciente presenta fiebre superior a los 39°C de forma persistente, dificultad para respirar, inflamación severa en el brazo o una reacción alérgica intensa, debe acudir de urgencia a una unidad de salud. La verificación oportuna de la cartilla y la aplicación de dosis adicionales en adultos con esquemas incompletos representan la medida más contundente para frenar un incremento descontrolado de casos en el territorio nacional.



