Internacional (RI Noticias).- El panorama político y de seguridad en el continente dio un giro drástico con la oficialización del “Escudo de las Américas”, una alianza militar impulsada por Donald Trump desde Doral, Florida. Esta coalición, denominada formalmente Coalición Anticárteles de las Américas, tiene como objetivo central el uso de “fuerza militar letal” para destruir a las organizaciones del narcotráfico y entrenar a los ejércitos de los países aliados.
Sin embargo, más allá de la presencia de 12 mandatarios que firmaron la proclamación, la noticia ha escalado por quiénes no estuvieron presentes: México, Brasil y Colombia, las tres economías más grandes de la región, quedaron fuera de este acuerdo.
La Casa Blanca fue tajante al explicar estas ausencias, señalando que la alianza está diseñada exclusivamente para gobiernos que se alineen sin reservas con su agenda de seguridad. Esta exclusión responde a una estrategia de Washington para consolidar un bloque de naciones afines ideológicamente, dejando claro que el apoyo militar y la cooperación técnica se reservan para quienes acepten los términos de la nueva administración estadounidense.
Además, el pacto incluye una cláusula para frenar “influencias extranjeras malignas”, una referencia directa a la presencia comercial y política de China en el hemisferio que los países excluidos han mantenido de forma independiente.
Entre los líderes que sí se integraron al proyecto figuran Javier Milei (Argentina), Nayib Bukele (El Salvador), Daniel Noboa (Ecuador) y el presidente electo de Chile, José Antonio Kast, junto a otros ocho jefes de Estado de Centroamérica y el Caribe. Aunque en total son 17 las naciones que se sumaron al acuerdo, cinco de ellas prefirieron mantener un perfil bajo enviando solo representantes militares o diplomáticos.
El Escudo de las Américas no solo redefine el combate al crimen organizado, sino que establece una nueva frontera diplomática. Al condicionar la participación a la alineación política total, se ha generado un bloque que prioriza la lealtad ideológica sobre la integración geográfica, dejando a las potencias más grandes de América Latina navegando por su cuenta ante las amenazas compartidas del narcotráfico y la violencia transnaciona



