Mazatlán, Sin. (RI Noticias).- Lo que tradicionalmente debería ser una jornada de alegría y celebración se ha transformado en Sinaloa en una fecha de profunda resistencia y duelo, donde más de 3,500 ausencias empañan el 10 de mayo. Pues la crisis de seguridad agudizada desde septiembre de 2024 ha dejado un vacío irreparable en sus hogares, convirtiendo el festejo en una lucha por la verdad.
Mientras las autoridades manejan un registro histórico de 5,500 casos, los colectivos de búsqueda denuncian que la cifra real en este periodo de crisis supera los 3,500 desaparecidos, un número que crece bajo la sombra de la cifra negra impuesta por el miedo a denunciar.
Colectivos como Sabuesos Guerreras y Tesoros Perdidos señalan que el promedio de desapariciones alcanzó picos de hasta 8 personas diarias durante los momentos más críticos del conflicto. Este escenario de violencia no solo les ha arrebatado a sus hijos, sino que las obliga a enfrentar un sistema que, lejos de ofrecer consuelo, en muchas ocasiones amedrenta y obstaculiza sus jornadas de rastreo en el campo.
En este día, es necesario reconocer a las madres que lloran la ausencia de un hijo desaparecido o el dolor de un asesinato, y a aquellas que diariamente se convierten en escudos para proteger a sus familias de ser una estadística más. Su labor es un acto de amor puro frente a autoridades que parecen preferir el olvido; son mujeres que recorren predios y fosas bajo su propio riesgo, asumiendo una tarea de búsqueda que les ha sido impuesta por la impunidad.
La sociedad sinaloense conmemora hoy a estas madres valientes cuya vida se ha detenido en una espera que no conoce de descansos ni de días festivos. Mientras el gobierno estatal administra cifras frías, ellas cargan con el peso de una silla vacía y la incertidumbre de un paradero desconocido.



