El devastador deslave ocurrido el miércoles en el norte de Nepal, en la frontera con China, ha dejado al menos 579 muertos, según la autoridad nepalí de gestión de emergencias. A esta cifra se suman cinco fallecidos reportados por las autoridades chinas en el Tíbet, lo que eleva el balance provisional a 584 víctimas mortales, además de más de 1,900 personas desaparecidas.
Las intensas lluvias y el colapso de un glaciar desencadenaron una avalancha de agua, lodo y rocas que arrasó comunidades enteras en los valles fronterizos de Nepal y China. El fenómeno sorprendió a pobladores y visitantes, dejando bajo el agua viviendas, puentes y carreteras.
Testimonios de supervivientes describen la tragedia “como un tsunami”, al recordar cómo la riada creció en cuestión de minutos y se llevó consigo a quienes intentaban escapar.
Las autoridades de Nepal informaron que equipos de rescate trabajan en condiciones extremadamente difíciles para localizar a los desaparecidos, mientras helicópteros militares trasladan suministros básicos a las zonas afectadas. En paralelo, China confirmó cinco víctimas en el Tíbet y mantiene operativos de emergencia en las comunidades más golpeadas.
Se mantiene hasta el momento la amenaza de los lagos glaciares
Nepal sigue vigilando dos lagos de barrera situados aguas arriba de la zona inundada, y las autoridades han advertido de que el riesgo de inundaciones persistirá hasta que ambos lagos se vacíen por completo.
Las imágenes de satélite mostraban que el segundo lago estaba aumentando de tamaño sin que se viera ninguna salida, lo que suscitaba la preocupación de que la presión del agua pueda seguir aumentando.
La agencia estatal de noticias china Xinhua dijo que el primer lago de barrera estaba reduciendo su tamaño, citando un análisis del Ministerio de Recursos Hídricos.
Sin embargo, un experto en riesgos geológicos del Gobierno chino advirtió de que el lago podría ser inestable y de que más de 100 lagos glaciares repartidos por toda la zona podrían suponer una amenaza.



