Los alimentos insalubres, contaminados por bacterias, virus, parásitos o sustancias químicas nocivas, representan un grave riesgo para la salud pública a nivel mundial. De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), cada año alrededor de 1.5 millones de personas mueren y otras 866 millones enferman por esta causa.
El organismo internacional señala que el consumo de alimentos contaminados puede provocar más de 200 enfermedades, que van desde padecimientos diarreicos hasta distintos tipos de cáncer. Entre los grupos más vulnerables destacan los niños menores de cinco años, quienes concentran el 29 por ciento de las muertes relacionadas con esta problemática.
Según las estimaciones más recientes sobre la carga mundial de enfermedades transmitidas por alimentos, difundidas este año por la OMS, se han identificado al menos 42 fuentes de peligro en 194 países. Estas incluyen bacterias, virus, parásitos y sustancias químicas presentes en distintos niveles de los sistemas alimentarios.
En cuanto a la presencia de metales pesados como arsénico, plomo, mercurio y cadmio, la OMS advirtió que pueden provocar enfermedades no transmisibles. La contaminación por estos elementos puede originarse por causas naturales, así como por la contaminación del agua, el suelo o prácticas inadecuadas en la producción y preparación de alimentos.
El organismo destacó que, tan solo en 2021, la exposición al arsénico y al plomo a través de los alimentos causó aproximadamente un millón de muertes por enfermedades cardiovasculares y 124 mil fallecimientos por cáncer. Asimismo, la exposición al metilmercurio incrementa el riesgo de discapacidad intelectual en niños.
Además del impacto en la salud, la OMS señaló que las enfermedades transmitidas por alimentos generaron en 2021 pérdidas económicas y de productividad cercanas a los 310 mil millones de dólares a nivel global.
Ante este panorama, el organismo subrayó la necesidad de que los países prioricen la inocuidad alimentaria mediante marcos regulatorios basados en evidencia científica, sistemas eficaces de vigilancia y una adecuada gestión de riesgos.
Finalmente, advirtió que factores como la globalización, las presiones medioambientales, los cambios en los hábitos alimentarios y las desigualdades en los sistemas de producción continúan determinando quiénes están más expuestos a alimentos insalubres. Las regiones de África y Asia sudoriental concentran casi tres cuartas partes de las enfermedades de transmisión alimentaria, afectando principalmente a comunidades de bajos recursos.



