Mazatlán, Sin (RI Noticias). – El regreso a clases no solo implica preparar uniformes, desayunos y útiles escolares; para niños y adolescentes también representa un proceso de adaptación que puede generar estrés. De acuerdo con lo expuesto por la psicóloga Rocío Díaz, de Clínica Oceánica, durante años se pensó que la infancia era una etapa libre de preocupaciones, pero actualmente se reconoce que los menores pueden experimentar estrés igual o incluso más que los adultos. “El estrés en los niños es me va a pasar algo muy malo y si no regresas tú por mí”, explicó al referirse a algunos de los pensamientos que pueden experimentar durante esta etapa.
Entre las señales de alerta que pueden presentar los menores se encuentran dolores de cabeza o estómago, llanto frecuente, miedo, ansiedad y cambios en su comportamiento. Ante estos síntomas, la especialista llamó a los padres a no interpretarlos simplemente como una forma de llamar la atención, sino a conversar con sus hijos y ayudarlos a identificar lo que sienten. Esto es especialmente importante en los niños pequeños, quienes todavía pueden tener dificultades para reconocer y expresar sus emociones.
El entorno escolar también puede convertirse en una fuente de estrés cuando existen problemas de convivencia, como el bullying, por lo que Díaz recomendó mantener una comunicación constante con los menores y con sus maestros. Para reducir la tensión en casa, destacó la importancia de dedicar tiempo al juego, alrededor de 30 minutos al día, establecer rutinas para dormir y brindar afecto y seguridad. En el caso de los niños que ingresan por primera vez al kínder, la separación de sus padres puede generar temor, por lo que resulta fundamental explicarles lo que ocurrirá y transmitirles confianza.
La especialista también advirtió que el estrés que permanece sin atender puede relacionarse posteriormente con trastornos de ansiedad y, en adolescentes, con el consumo de sustancias como una manera de afrontar el malestar. Por ello, recomendó buscar apoyo profesional cuando los síntomas persistan y no presenten mejoría. El mensaje central para las familias es no minimizar el estrés infantil: escuchar a los menores, validar sus emociones y acompañarlos durante el proceso de adaptación puede contribuir a proteger su salud mental desde edades tempranas.



