8 de cada 10 menores en México superan los niveles de sodio recomendados, elevando riesgos de enfermedades crónicas. El consumo excesivo de sal se ha convertido en una preocupación de salud pública en México, superando incluso la atención que suele ponerse sobre el azúcar en la dieta de niños y adolescentes.
De acuerdo con datos del Instituto Nacional de Salud Pública, 8 de cada 10 jóvenes, niños y adolescentes en el país consumen más sodio de lo recomendado por la Organización Mundial de la Salud.
Las cifras son contundentes al analizar los grupos de edad: el 74% de los preescolares y el 82 % de los escolares y adolescentes rebasan los límites saludables de ingesta de sodio. Este fenómeno se debe principalmente a la presencia constante de este elemento en productos que forman parte de la alimentación cotidiana, tales como cereales, lácteos, carnes procesadas y botanas.
Impacto del consumo excesivo de sodio en la salud infantil y juvenil
El problema central radica en que el exceso de sodio no se limita a la etapa de la infancia, sino que genera consecuencias acumulativas en el organismo. La ingesta elevada de este componente eleva la presión arterial y aumenta significativamente el riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares y renales con el paso de los años.
“El problema es que ese exceso no se queda solo en la infancia, porque eleva la presión arterial, aumenta el riesgo de enfermedades cardiovasculares y renales con el paso de los años”, dijo.
Esta situación ha derivado en un escenario preocupante donde jóvenes de poco más de 20 años comienzan a presentar padecimientos que anteriormente se asociaban a edades avanzadas. La presencia de problemas renales e incluso casos de paros cardíacos en edades tempranas son señales de alerta sobre la calidad de la dieta actual.
“Por eso muchos jóvenes de veintitantos años ya empiezan con problemas de riñón”.
Recomendaciones para reducir la sal y mejorar la alimentación familiar
Ante este panorama, especialistas enfatizan la necesidad de modificar los hábitos alimenticios desde el hogar. La estrategia principal consiste en priorizar el consumo de alimentos frescos y reducir drásticamente la dependencia de productos procesados, los cuales suelen contener altas concentraciones de sodio oculto.
“La recomendación es básica, sencilla, pero muy importante, elegir alimentos frescos, revisar las etiquetas, reducir los productos procesados y cocinar con menos sal”.
La labor de los padres y cuidadores es fundamental para prevenir complicaciones futuras. La revisión constante de las etiquetas nutricionales y la elección de ingredientes naturales para dar sabor a los alimentos son pasos esenciales para proteger la salud de las nuevas generaciones.
“Eso es lo que te debe de preocupar, pero sobre todo ocupar”.



