Mazatlán, Sin (RI Noticias). – Vivir en alerta constante puede convertirse, sin que una persona lo note, en una forma de organizar su vida. Así lo explicó Sara Eli Crespo, Lic. en Psicología Clínica, al abordar los efectos que la inseguridad, el miedo y la incertidumbre pueden tener en la salud mental. La especialista señaló que no siempre se trata de un trastorno o de una crisis grave, sino de cómo la preocupación comienza a determinar las actividades, decisiones y pensamientos cotidianos.
Uno de los principales riesgos es la hipervigilancia, particularmente cuando la búsqueda de información se vuelve permanente. Revisar de manera continua noticias, redes sociales o acontecimientos relacionados con situaciones de riesgo puede mantener al organismo en un estado de amenaza, dificultando que la persona distinga entre estar informada y vivir psicológicamente dentro de la crisis.
“No quiere decir, no me voy a informar, no quiere decir no me voy a cuidar; […] pero también es importante que no voy a revisar ni ningún [evento] desde mi situación de hipervigilancia y de sobreconsumo.”
Crespo plantea que recuperar la seguridad interna no significa negar lo que ocurre en el exterior, sino desarrollar herramientas para regular el sistema nervioso y evitar que la incertidumbre controle toda la vida. Para ello recomienda mantener rutinas, buscar espacios de descanso, cuidar los vínculos y recuperar actividades que permitan conectar con la creatividad y con aquello que sí está bajo control personal.
Entre las herramientas prácticas mencionadas durante la conversación está un ejercicio de respiración de 4 segundos para inhalar, 6 segundos para sostener y una exhalación lenta, acompañado de atención al momento presente. La intención es generar pequeños espacios de seguridad en medio de la tensión cotidiana y recordar que, aunque existan situaciones externas que no pueden controlarse, sí es posible trabajar en la manera en que el cuerpo y la mente responden ante ellas.



