Mazatlán, Sin (RI Noticias). – La inteligencia artificial (IA) se ha convertido en una herramienta a la que algunas personas recurren para buscar orientación emocional, afrontar problemas psicológicos e incluso establecer vínculos románticos. No obstante, detrás de sus respuestas comprensivas y palabras afectuosas hay sistemas de programación y predicción que no experimentan sentimientos humanos.
Durante entrevista en RI Noticias, Luis Ramírez, especialista en propiedad intelectual e inteligencia artificial, advirtió sobre los riesgos de utilizar estas herramientas como sustitutos de la atención psicológica profesional, especialmente cuando una persona atraviesa momentos de vulnerabilidad emocional.
“La IA tiende a darte la razón o, como decimos coloquialmente, seguirte el rollo”, señaló el especialista al explicar que estos sistemas pueden reforzar las ideas del usuario y ofrecer recomendaciones inadecuadas, incluso cuando se busca ayuda para enfrentar una depresión u otro problema emocional.
De ELIZA a los terapeutas virtuales
Uno de los antecedentes de la inteligencia artificial aplicada a conversaciones de carácter terapéutico se remonta a 1966, cuando se desarrolló ELIZA, un programa diseñado para simular conversaciones, incluso con respuestas que imitaban las de un terapeuta. Aunque representó un precedente importante, su funcionamiento no equivalía a una comprensión psicológica humana.
Ramírez señaló que el riesgo actual radica en confundir la capacidad de una IA para responder de manera convincente con la preparación necesaria para atender problemas de salud mental. Un sistema puede generar sugerencias basadas en la información proporcionada por el usuario, pero también puede equivocarse y ofrecer respuestas que agraven una situación delicada.
El especialista también hizo referencia a un estudio de Stanford que, según explicó durante la entrevista, advierte que estas herramientas no están diseñadas para sustituir el apoyo psicológico profesional.
¿Enamorarse de una IA? El afecto es una simulación
La interacción con asistentes virtuales también ha llevado a algunas personas a desarrollar vínculos sentimentales. La posibilidad de configurar una personalidad, una apariencia y un lenguaje cariñoso puede hacer que la experiencia se perciba como una relación de pareja.
Un ejemplo mencionado por Ramírez es Replika, aplicación en la que, durante 2023, se modificaron funciones que afectaban la interacción afectiva con los usuarios. Según relató, algunos manifestaron tristeza y frustración porque percibían que habían perdido a su pareja virtual.
El especialista explicó que la IA puede adaptar sus respuestas al perfil y las preferencias de cada persona, generando una sensación de comprensión y reciprocidad. Sin embargo, que el usuario experimente sentimientos reales no significa que la máquina también los experimente.
A esto se suma la posibilidad de crear personajes virtuales inspirados en figuras ficticias, con características físicas y personalidades específicas, lo que puede intensificar el apego emocional.
¿Qué tan confiables son sus consejos?
La capacidad de predecir y generar respuestas a partir de patrones no garantiza que la información sea correcta. Una persona que busca orientación en un momento de tristeza puede recibir una respuesta convincente, pero equivocada o inadecuada para su situación.
Por ello, Ramírez insistió en la importancia de no confundir la conversación con una IA con una consulta profesional. En México, recordó, existen servicios de orientación psicológica, como la Línea de la Vida, a los que las personas pueden acudir para buscar apoyo especializado.
El especialista concluyó que la inteligencia artificial debe utilizarse como una herramienta para facilitar actividades humanas, no como un reemplazo indiscriminado de las relaciones personales o de los profesionales de la salud mental.
Aunque la tecnología puede ofrecer compañía y respuestas aparentemente afectuosas, la responsabilidad de utilizarla con criterio sigue siendo fundamental: la IA puede simular comprensión y afecto, pero sus respuestas no garantizan un diagnóstico acertado ni representan una prueba de amor real.



