Estados Unidos reanudó este 3 de septiembre los ataques antidrogas con misiles en el Caribe y el Pacífico, en el marco de una campaña militar iniciada en septiembre de 2025 por el presidente Donald Trump. El mandatario ha afirmado que el tráfico marítimo de drogas hacia su país cayó drásticamente desde entonces, asegurando incluso que para enero de 2026 se había reducido en un 98%.
Sin embargo, los datos oficiales de la Patrulla Fronteriza (USBP) y de la Oficina de Operaciones de Campo (OFO) muestran un panorama distinto: las incautaciones de cocaína en puertos de entrada apenas disminuyeron menos del 3% en comparación con el mismo periodo del año anterior.
La estabilidad en los precios de la cocaína en Estados Unidos refuerza las dudas sobre la supuesta escasez de oferta. Analistas señalan que, más que reducir el flujo de drogas, los ataques han provocado una reconfiguración de rutas. Investigaciones de InSight Crime documentan que, tras el inicio de la campaña, algunos traficantes abandonaron puntos costeros en Venezuela y redujeron operaciones hacia Aruba, Curazao y Trinidad.
No obstante, incautaciones recientes en Aruba confirman que esas rutas se retomaron, mientras que aumentaron los vuelos clandestinos desde Venezuela hacia Guyana, consolidando nuevas trayectorias hacia Surinam y sus alrededores.
La DEA ha advertido que los grupos criminales recurren ahora a embarcaciones más grandes y a trayectos más cercanos a la costa para disminuir el riesgo de ser atacados. En paralelo, Estados Unidos ha intensificado la cooperación regional: tras los ataques letales del 23 y 25 de agosto, el 28 de agosto se realizó un operativo conjunto con Ecuador en el que fuerzas estadounidenses destruyeron una estación flotante de abastecimiento de combustible vinculada al grupo criminal Los Choneros, utilizada para reabastecer barcos empleados en el tráfico de drogas. A diferencia de acciones previas, en esta ocasión las personas a bordo fueron desalojadas antes de hundir la embarcación.



